Luis Buñuel

Director

Personal Info

  • Fecha de nacimiento: 22 de Febrero de 1900
  • Fecha de fallecimiento: 29 de Julio de 1983
  • Nacionalidad: Española
Social:

Biography




(Calanda, 1900 – Ciudad de México, 1983) Director de cine español, una de las grandes figuras de la historia del cine. Su padre, Leonardo Manuel Buñuel, fue un indiano fantasioso que regresó de Cuba enriquecido y se instaló en Calanda; solía relatar numerosas aventuras ilusorias a los lugareños y afirmaba con bravuconería que sería para él la mujer más bella del pueblo. La elegida fue una muchacha delicada, que tocaba el piano y que tenía diecisiete tiernos años, llamada María Portolés, para quien mandó construir una suntuosa mansión. No estaba todavía terminada la casa cuando María dio a luz su primer hijo, Luis, precisamente poco antes de que comenzaran las fiestas de Semana Santa del año 1900.

Don Leonardo, convertido en un burgués severo y justo de ideas liberales, se cansó enseguida del pueblo y se trasladó a Zaragoza, donde entró en contacto con los círculos intelectuales de la capital, aunque mantuvo la costumbre de veranear en Calanda con toda la familia, con su mujer, sus siete hijos, las sirvientas y los amigos de la casa.

Entre los primeros recuerdos de Luis Buñuel está la escena, verdaderamente feudal, de grupos de pordioseros que acudían a la puerta de su hogar a mendigar un panecillo y una moneda de diez céntimos. Los que lo conocieron en su infancia cuentan de él numerosas travesuras, como una escapada con otros muchachos que duró más de veinticuatro horas y cuyo itinerario pasaba por los nichos del cementerio y concluía en una sórdida y oscura cueva. Allá estallaron los lamentos y las lágrimas, de modo que para tranquilizar a sus compañeros Luis se ofreció en sacrificio para ser comido. Felizmente ello no fue necesario y pudo regresar sin mayores contratiempos a su casa, donde no obstante seguiría practicando juegos peregrinos, tales como decir solemnes misas ante la arrobada concurrencia de pequeños feligreses.

Contagiado del ambiente familiar, Luis Buñuel confesó haber sido de niño muy religioso y creyente, pero hacia los catorce o quince años cayeron en sus manos libros de Spencer, Kropotkin, Nietzsche y Darwin, especialmente El origen de las especies, y comenzó a perder la fe. Con el tiempo, el hombre que declaró “soy ateo, gracias a Dios” llegaría a ser el emblema viviente de un arte blasfemo e iconoclasta, se acercaría al ideario anarquista, ingresaría en el grupo parisino de jóvenes revolucionarios que abanderaban la estética del surrealismo y trabajaría al servicio de la República montando documentales durante la guerra civil española.




La razón fue una discrepancia surgida entre los dos cineastas respecto a la auténtica valía de otro gran director francés, Abel Gance, muy admirado por Epstein y escasamente respetado por el joven vanguardista Buñuel. De hecho, éste estaba a punto de ingresar en las filas belicosas del grupo surrealista, que dirigía con mano férrea André Breton y en el que militaban, en un primer momento, Benjamin Péret, Louis Aragon, Paul Eluard, Max Ernst, René Char, Man Ray, etc. Todavía no se incluía entre ellos Salvador Dalí, el amigo de Buñuel, que por aquel tiempo se dedicaba a la pintura en su residencia de Cadaqués, y con quien realizará su primer guión cinematográfico: Un perro andaluz.

“En 1927 o 1928 (cuenta Luis Buñuel en sus memorias) yo estaba muy interesado en el cine. En Madrid presenté una sesión de películas de vanguardia francesa. Estaban en el programa Rien que les heures de Cavalcanti, Entracte de René Clair y no recuerdo qué otras películas. Tuvieron un enorme éxito. Al día siguiente me llamó Ortega y Gasset y me dijo: Si yo fuera joven, me dedicaría al cine. Luego, pasando la Navidad con Salvador Dalí en Figueras, le dije que quería hacer una película con él. Teníamos que buscar el argumento. Dalí me dijo: Yo anoche soñé con hormigas que pululaban en mis manos. Y yo: Hombre, pues yo he soñado que le seccionaba el ojo a alguien. Ahí está la película, vamos a hacerla. En seis días escribimos el guión. Estábamos tan identificados que no había discusión. Escribíamos acogiendo las primeras imágenes que nos venían al pensamiento y, en cambio, rechazando todo lo que viniera de la cultura o de la educación. Por ejemplo: la mujer agarra una raqueta para defenderse del hombre que quiere atacarla. Entonces, éste, mira a su alrededor buscando algo para contraatacar y (ahora estoy hablando con Dalí) ¿Qué ve? Un sapo que vuela. ¡Malo! Una botella de coñac. ¡Malo! Pues ve dos cuerdas. Bien, pero qué viene detrás de las cuerdas. El tipo tira de ellas y cae, porque arrastra algo muy pesado. Ah, está bien que se caiga. En las cuerdas vienen dos grandes calabazas secas. ¿Qué más? Dos hermanos maristas. Eso es, dos hermanos maristas. ¿Y después? Un cañón. Malo. Que venga un sillón de lujo. No, un piano de cola. Muy bueno, y encima del piano de cola un burro… no, dos burros podridos. ¡Magnífico! O sea, que hacíamos surgir representaciones irracionales sin ninguna explicación.”

Aunque en las últimas décadas de su vida pudo trabajar con mayor libertad y mayores medios en Francia, su obra completa se caracterizó precisamente por una formidable coherencia pese a todas las circunstancias adversas. Hasta el último día de su vida fue leal a la fiera y ambiciosa estética de su juventud: “Yo quería cualquier cosa, menos agradar”. Pero también a un escrupuloso sentido moral, esa gran lección que Luis Buñuel quiso legar al mundo, porque, como él mismo decía, “la imaginación humana es libre, el hombre no”.

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